Alimentación natural en los gatos

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Normalmente, a nuestros gatos caseros los alimentamos con productos fabricados específicamente para ellos, y la mayoría de los veterinarios lo recomiendan, ya que están convenientemente equilibrados para que no les falte ningún nutriente importante para su salud. Sin embargo, existe la opción de dar una alimentación natural tanto a perros como a gatos, aunque bastante controvertida esta opción, ya que los especialistas no se ponen totalmente de acuerdo en su conveniencia.

En el caso específico de los gatos, si lo miramos desde el punto de vista ideal, una alimentación natural consistiría en proporcionarles cadáveres de animales o incluso pequeñas presas vivas (ratones, conejos, pescados, pájaros...). Como esto la mayoría de las veces no es posible, bien sea por cuestiones morales o por imposibilidad material de conseguirlas, se plantea la alternativa de obsequiar al gato con un conjunto de alimentos fáciles de obtener y con cuya mezcla conseguiríamos una alimentación adecuada en nutrientes, y sobre todo falta de elementos “artificiales” o fabricados en laboratorio.

 

En resumen, se trata de prepararles una dieta adecuada basada en carne cruda picada, huevos, verduras crudas, hígado, etc. El problema principal es conseguir equilibrar esta dieta y que no se produzcan fallos nutricionales. Por ejemplo, la carne nunca debe ser cocinada, pues en la cocción pierde muchas de sus propiedades, pero es que la carne cruda puede contener bacterias nocivas y parásitos (salmonella, toxoplasma...). Una posible solución sería congelar la carne para que se destruyan algunos de estos parásitos, pero lo malo es que al descongelar la carne se produce una importante pérdida de nutrientes. Lo que jamás se debe hacer es alimentar al gato única y exclusivamente con carne cruda, ya que necesita el complemento de vitaminas y minerales adecuados.

 

La base teórica que sustenta esta opción de la alimentación natural en gatos parte de la comparación con la alimentación humana. Es decir, está comprobado científicamente que una dieta humana basada en frutas y verduras crudas y frescas (complementada con otros nutrientes, por supuesto) es la clave para disfrutar de una vida saludable. Por lo tanto, este dato se extrapola al mundo animal y surge la teoría de que un gato casero, por ejemplo, debe comer algo parecido a lo que comen sus congéneres en estado salvaje, o sea, algo crudo y a ser posible fresco.

 

Desde este punto de vista, la alimentación exclusiva del gato basada en alimentos cocinados queda descartada por la pérdida masiva de nutrientes que implica dicha técnica. Y en cuanto a los problemas sanitarios de la carne cruda, se ofrecen diversas alternativas para destruir esas bacterias y parásitos que contiene, como evitar la carne de cerdo y de caza mayor, que son las que tienen mayor riesgo, a menos que haya pasado los controles pertinentes para el consumo humano; añadir antibacterianos naturales, como la alfalfa, el estracto de semillas de cítrico, yogur natural con bífidus, ajo, etc., además de estar muy atento a las desparasitaciones periódicas y realizar análisis de heces dos veces al año.

 

Algunos especialistas en dietas naturales recomiendan dar trozos de carne grandes que contengan huesos, en lugar de carne picada, ya que lo primero es mas equilibrado nutricionalmente hablando, y el hecho de proporcionarles trozos grandes incita a la masticación y evita que traguen la comida sin masticar. Por supuesto, jamás se les deben dar huesos pequeños, pues tienen el peligro de poder atascarse o astillarse en la garganta o el estómago. Como complemento a la carne se le pueden dar restos de nuestra comida (incluso cocinada) pasada por la batidora, que imitaría a la comida digerida que encuentran en los estómagos de sus presas en estado natural. Esta postura defiende también que un día a la semana se debería dejar ayunar al animal, ya que en la naturaleza los felinos no comen todos los días.

 

Los defensores de estas corrientes naturalistas argumentan en su favor que los alimentos envasados (piensos, latas...) no son los adecuados para mantener una buena salud en el gato, ya que provocan múltiples enfermedades y problemas, e incluso ven tan sólo intereses comerciales de los fabricantes en el hecho de que se perpetúe el “mito” de que lo más sano es un alimento procesado. Digo “mito” porque así es como se considera esa idea generalizada, promulgada por los propios veterinarios, de que el alimento ideal es el pienso (o la comida de lata), siempre hablando desde el punto de vista naturalista. Me supongo que la otra parte implicada, es decir, los veterinarios, no considerarán esto como mito, sino como una realidad. Y no es mi misión decidir quién tiene razón (o al menos un poco de más razón), pues ambos tipos de alimentación tienen sus pros y sus contras. La alimentación natural tiene bastante lógica en sus planteamientos, pero cuenta con algún que otro fallo ante el que un cuidador de gatos puede llegar a plantearse la conveniencia de ponerla en práctica, mientras que la alimentación procesada es cómoda, limpia y supuestamente bien equilibrada, sobre todo en marcas de gama alta. He leído a algunos autores que dicen que el tener que equilibrar bien los nutrientes no es un grave problema en la alimentación natural, dando a entender que debemos guiarnos por nuestro “buen juicio”. Personalmente esto no me parece un buen consejo, y creo que es uno de los principales inconvenientes a la hora de programar una dieta natural. Por ello, lo mejor es consultar con el veterinario de confianza y decidir en consecuencia.

 

Por otro lado, la composición de los piensos y comidas enlatadas para gatos sigue siendo un tema un poco peliagudo, puesto que no se especifican los componentes reales, sino que sólo se hace mención a los elementos generales, a saber, carnes, grasas animales, subproductos cárnicos, cenizas, etc. Dentro de estas categorías podría entrar todo lo que quisiéramos imaginar, y de hecho existen informes sobre el tema que aseguran que algunas empresas de comida para mascotas usan todo tipo de materias y despojos para fabricar sus productos, desde animales de granja no aptos para el consumo humano hasta otros procedentes de atropellos o de clínicas veterinarias donde los eutanasian por enfermedad o vejez, sin hacer distinción entre animales sanos y enfermos, incluyendo cualquier parte aprovechable o no de un animal, como picos, pelos, plumas, etc. Y ello sin mencionar los aditivos y conservantes que se le añaden. De todas formas, desde el problema del llamado mal de las vacas locas, la legislación se preocupó un poco más del tema y prohibe la utilización de las harinas animales en la alimentación animal, ya que fue una de las formas en que se dispersó la enfermedad. Pero ese hermetismo en las etiquetas sigue planteando serios problemas de confianza en algunos consumidores.

 

Desde luego, el asunto es de vital importancia, ya que hablamos de la salud de nuestros gatos, y tal vez este artículo no aclare mucho las ideas, e incluso puede hacer surgir más dudas, pero es fundamental que nos informemos sobre los beneficios y peligros del tipo de alimentación que ofrecemos a nuestros animalitos. Si nos decidimos por una alimentación procesada, es muy importante que elijamos una de calidad alta, que al menos ofrece una mayor garantía, y si preferimos ofrecerle una alimentación natural debemos hacerlo siempre asesorados por un experto. La decisión es de cada cual.


Contribución de Isabel Gil
Fuente: Migato

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